Frase
“Tened el valor de equivocaros.”
Hegel
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías, sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oásis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: ¡Tú puedes aportar una estrofa!
No dejes nunca de soñar, porque en sueños…………es libre el ser humano.
Cuando me amé de verdad…
Comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora exacta y en el momento adecuado, entonces me relajé y hoy sé que eso tiene un nombre: AUTOESTIMA.
Cuando me amé de verdad…
Me dí cuenta, que mi angustia y sufrimientos emocionales, no pasan de ser una señal de que voy en contra de mis verdades, y hoy sé que eso es: AUTENTICIDAD.
Cuando me amé de verdad…
Dejé de desear que mi vida fuese distinta, y comencé a ver que todo lo que sucede, contribuye a mi
crecimiento, y hoy sé que eso se llama: MADUREZ.
Cuando me amé de verdad…
Comencé a entender, como es de ofensivo forzar alguna situación o a alguien, para realizar mis propios
deseos, aún sabiendo que no es el momento o que la persona no está preparada, inclusive yo mismo; y hoy sé que esto se llama: RESPETO.
Cuando me amé de verdad…
Comencé a despojarme de todo aquello que no fuera saludable, personas, tareas, todo y cualquier cosa que me desanimara, en principio mi razón me llamó la atención acerca de esa actitud de egoísmo; y hoy sé que eso se llama: AMOR PROPIO.
Cuando me amé de verdad…
Dejé de temerle a mi tiempo libre, y de hacer grandes planes; abandoné proyectos a muy largo plazo, hoy hago lo que considero apropiado y correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo; y hoy sé que eso se llama: SIMPLICIDAD.
Cuando me amé de verdad…
Desistí de querer tener siempre la razón, y con eso cometí menos errores; y hoy descubrí la HUMILDAD.
Cuando me amé de verdad…
Deje de revivir el pasado y de preocuparme por el futuro, ahora me mantengo en el presente que es donde la vida realmente ocurre; hoy vivo un día a la vez y aprendí que se llama: PLENITUD.
Cuando me amé de verdad…
Entendí que mi mente puede perturbarme y decepcionarme, pero cuando la coloco al servicio del corazón, se torna una enorme y valiosa aliada; todo eso es: SABER VIVIR.
Cuando me amé de verdad… cuando me amé de verdad: ¡aprendí a vivir!
Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra está vencida.
Estar enamorado amigos, es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento con una hoguera que del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo ser esclavo de la llama.
Es entender la pensativa conversación del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero que lleva al reino de la música sin tasa.
Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso cuando se siente la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.
Estar enamorado, amigos, es padecer espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana con el secreto de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo y estar unido con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas o son propias las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente las aguas turbias del torrente de la angustia.
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir su noche oscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre, y en adelante no volver a decir nunca.
Y es, además, amigos míos, estar seguro de tener las manos puras.
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