Frase
“Cuando los que mandan pierden la verguenza, los que obedecen pierden el respeto.“
Luisa era una joven que fue invitada a escalar rocas. Aunque esto le causaba mucho miedo, fué con su grupo a un tremendo risco de granito. A pesar de su miedo, se colocó el equipo, tomó un extremo de la cuerda y comenzó a enfrentar la roca. En determinado momento, llegó a un borde, donde pudo tomar un respiro. Mientras estaba ahí, la cuerda de seguridad golpeó contra un ojo de Luisa provocando la pérdida de su lente de contacto.
Bueno, ahí estaba ella en el borde de la roca, con cientos de metros bajo ella y cientos de metros sobre ella. Por supuesto que buscó y buscó, esperando que hubiera caído en el borde, pero simplemente no estaba la lente y era muy dificultosa su búsqueda por lo pequeño y además transparente. Y ahí estaba Luisa, lejos de casa, con su vista borrosa. Comenzó a desesperarse y a enojarse, a tal punto que imploró a Dios para que la ayudase a encontrar su lente. Mientras tanto, continuaba ascendiendo
Cuando llegó a un descanso, un amigo examinó su ojo y su ropa buscando el lente, pero no la pudieron encontrar. Luisa se sentó, desalentada, con el resto de la gente, esperando a que los demás llegaran a la cima. Ella miró a través de las montañas, pensando en aquel versículo de la Biblia acerca de que los ojos del Señor observan alrededor de toda la tierra y entonces pensó:
- ¡Oh Dios! Tú puedes ver estas montañas. Tú conoces cada piedra y cada hoja, y Tú sabes exactamente dónde está mi lente de contacto. ¡Por favor ayúdame a encontrarlo!
Finalmente, bajaron. Al pie de la montaña había un nuevo grupo de alpinistas comenzando a enfrentar el risco. Uno de ellos gritó:
- ¡Oigan, muchachos! ¿Alguien perdió una lente de contacto?
Bueno, esto hubiera sido suficientemente inquietante y hasta increíble, pero… ¿sabés cómo el alpinista vio el lente de contacto? Pues, sencilla y parsimoniosamente una hormiga se movía a través de la roca, cargando la lente de contacto.
Luisa me había comentado que su padre era caricaturista, y cuando ella le relató esta fascinante historia de la hormiga, la oración y la lente de contacto, él dibujó una caricatura de una hormiga cargando una lente de contacto, escribiendo debajo del dibujo:
-Señor, no sé por qué Tu quieres que yo cargue esta cosa. No puedo comérmela, y es extremadamente pesada. Pero si eso es lo que Tu quieres que yo haga, yo la cargaré para Ti.
REFLEXION
Creo que probablemente nos haría bien a algunos de nosotros decir ocasionalmente:
- Señor, no sé por qué quieres que yo lleve esta carga. No veo nada bueno en ello y es bastante pesada. Pero si Tú quieres que yo la cargue, lo haré para Tí.
Hablamos de cargas pesadas en esta vida… Decimos a diario ¿por qué a mi? ¿por qué tanto? ¿qué hice para merecer esto? En esas cargas, en ese peso, en ese sentir que nos quebramos se esconden las grandes enseñanzas, las grandes pruebas, los enormes y difíciles desafios. Podemos tratar de llevar esa carga y aún sintiendo que se nos doblan las piernas tratar de resistir, de continuar, ó también podemos dejarnos vencer… ¿O acaso hay una persona en el mundo que no conozca el peso de los problemas, las angustias, las tristezas, los dolores, las pérdidas, los fracasos…?
Todos pasamos alguna vez por una situación en la que no sabemos cómo seguir, en que las fuerzas se nos debilitan, en que queremos abandonar la lucha, dejarnos vencer. Pero no podemos hacerlo.
Todo sucede por una razón tal vez incomprensible en un primer momento, pero pasado el tiempo cuando la carga desaparece o su peso es menor y tomamos distancia, nos damos cuenta, de cuanto hemos crecido, de cuanto hemos madurado, de lo que aprendimos, y de la enseñanza que encerraba ese pedacito de nuestra historia.
La vida, es una sucesión de momentos. Pasamos de la alegria a la tristeza en apenas pocos segundos, de la felicidad a la infelicidad, de tener a no tener, y así tantas cosas más.
Pero tenemos que entender que todo lo que vivimos bueno o malo nos prepara para ser mejores personas. Como solía decir Gandhi:
“Los problemas se iluminarán y se aclararán cuando enciendas la luz dentro de tí. Enciende ya esa luz, y no pongas filtros de colores; asómate a la verdad sin miedo a su mensaje, aunque sea un mensaje acusatorio. Deja que esa luz ilumine los rincones de tu interior, que tienes tanto miedo de descubrir; esa luz siempre ilumina muchos espacios oscuros que son algunos de los principales problemas. La solución quizás no esté lejos, en los demás, en los otros, sino en tí, al menos una parte. empieza entonces, por esa parte. La vida está llena de momentos, éste es uno de los tantos, felices ó no; pero como todo, tendrá que pasar.”
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