La vida me enseñó mucho:
A perdonar sin entender porque pasan las cosas.
A amar sin que me amen.
A sentir sin que me sientan.
A tolerar sin que me toleren.
Pero no me ha enseñado:
A sobrellevar la soledad.
A vivir sin una caricia, sin un abrazo,
A levantarte a la mañana y no encontrar nadie a tu lado.
A sentirte menos que nada.
A querer gritar ¡estoy aquí! y que me oigan.
Pero también me ha enseñado:
A recordar las cosas bellas.
El amor sublime de una madre.
La mirada tibia de un padre.
Y el acogimiento de tener simplemente la vida, que ya es mucho pedir.
Y sentir, que teniéndola, todo aquello que he escrito puede cambiar algún día.
Porque no olvides que amar, sentir, tolerar y perdonar son parte de la misma vida.