Frase
“Protestamos críticas injustas, pero aceptamos halagos inmerecidos.”
Si miramos el sol, con nuestros propios ojos, no con los ojos de los demás, y amamos con nuestros sentimientos, no con el sentir de los demás, y enfrentamos nuestras propias dificultades con nuestro intelecto y nuestro esfuerzo.
Ahora, que parece que se ha puesto de moda, observar y opinar sobre lo que hacen las otras personas…
¿Por qué no nos dedicamos a vivir nuestra propia vida y dejamos que los demás vivan la suya propia?
Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos, y mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató. Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero éstos quedaron abandonados en el nido. Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto maternal la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos. Y claro, poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre adoptiva y caminaron en fila tras ella. Donde iba la gallina, iban todos los patitos en fila. Y la gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja.
Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el pico y los patos se esforzaban por imitarla. Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos. Hasta que un día, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja. Sus “pollitos”, disciplinadamente, la seguían en fila, pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua. Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran. El gallo apareció atraído por los gritos de la madre y se percató de la situación.
- No se puede confiar en los jóvenes - fue su sentencia - son unos imprudentes.
Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:
-No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones - y siguió chapoteando en el agua.
No pienses que la gallina estaba equivocada.
REFLEXION
No juzgues tampoco al gallo.
No creas a los patos prepotentes y desafiantes.
Ninguno de los personajes está equivocado, lo que sucede es que ven la realidad desde miradores distintos.
El único error, casi siempre, es creer que el mirador en que estamos, es el único desde el cual se divisa la verdad.
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