Jorge Omar Calabrese - Baúl de Lecturas - Poesías - Textos

2007, 1 July

Frase

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“El día que tú naciste, todos se regocijaban y reían, sólo tú llorabas.

Vive la vida de tal forma, que al llegar tu última hora, todos lloren tu partida, y seas tú, el único que no tenga una lágrima que derramar y sólo una sonrisa en tu rostro. Así podrás afrontar la muerte con calma, cuandoquiera que ésta venga.”

Degans Nyheter




LA MENTIRA DESCUBIERTA

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El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto “Gandhi para la Vida Sin Violencia”, compartió la siguiente historia como un ejemplo del arte de sus padres para vivir sin violencia y no faltando a la verdad.

Yo tenía 16 años y vivía con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a más de 25 kilómetros de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Viviamos en el interior del país, lejos de grandes ciudades, por lo tanto a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba poder ir a la ciudad a visitar amigos o al cine. Así fué que un día mi padre me pidió que lo llevara a la ciudad para asistir a una conferencia que duraba varias horas y aproveché esa oportunidad. Mi madre me dio una lista para hacer compras en el supermercado y, como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cuestiones pendientes, como llevar el auto al taller. Cuando nos despedimos, él me dijo:

- ¡Nos vemos aquí a las 5 de la tarde y volvemos a casa juntos!

Después de completar rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, que me olvidé del tiempo. Eran las 5 y media de la tarde cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el coche y me apuré para llegar hasta donde estaba esperándome mi padre. Eran casi las 6 y al llegar él me preguntó con ansiedad:

- Hijo ¿por qué llegás tarde?

Me sentía mal por eso y no podía decirle que había estado en el cine viendo una película; entonces atiné a responderle con una mentira: que el auto no estaba listo y tuve que esperar. Lo que yo ignoraba es que mi padre ya había llamado al taller. Cuando escuchó mi respuesta sabía que le estaba mintiendo, entonces me dijo:

- Algo no anda bien en la manera en que te he criado, ya que no te he dado la confianza necesaria para decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal con vos. Voy a caminar los 25 kilómetros hasta casa y a pensar sobre esto.

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No podía dejarlo sólo, así que manejé cinco horas y media detrás de él. Viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho. Y con ese ejemplo de sacrificio y silencio me enseñó que nunca más faltara a la verdad.

Y ahora, que han transcurrido muchos años de aquella triste historia, con frecuencia suelo recordar el episodio y pienso que si me hubiese castigado de la manera habitual, que es lo que frecuentemente hacemos con nuestros hijos, ¿hubiese aprendido la lección? En realidad ¡no lo creo! Pero esta acción de no violencia fué tan intensa y ejemplificadora, que la tengo impresa en la memoria para el resto de mi vida como si fuera ayer.




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