Frase
“No es la adversidad la que mata, sino la impaciencia conque soportamos la adversidad.”
La tolerancia es saber respetar a las demás personas en su entorno, es decir en su forma de pensar, de ver las cosas, de sentir y es también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo.
La tolerancia es el respeto con igualdad sin distinciones de ningún tipo.
La tolerancia es aceptarse unos a otros. Debemos aceptarnos a nosotros mismos y luego aceptar y respetar a todos los demás. Aceptar a los demás como son, sin peros y sin reparos.
La tolerancia es la virtud moral y cívica que consiste en permitir la realización de acciones, preferencias y creencias. La innegable actitud de soportar los actos ajenos, respetando su forma de pensar, quedando en la situación de recibir lo dado.
Es determinante para la convivencia armónica de todo grupo humano. Facilita la integración de sus componentes para diferentes tareas y actividades sumando fuerzas.
La tolerancia desarrolla el espíritu de unidad; facilita la cooperación y la interacción. Aumenta el grado de confianza entre los miembros de una organización por la mayor apertura de cada uno.
Por otra parte, en el debate de ideas, acciones, proyectos y programas, con que se manifiesta la vida y la actividad de una organización, disminuye el tono emocional y la agresividad en la comunicación, que de tal manera la hacen estéril. Todas las opiniones merecen respeto; en consecuencia, merecen ser escuchadas.
La tolerancia tiene que partir necesariamente del principio fundamental de que nadie es dueño de la verdad absoluta, porque cada uno tiene una visión singular de un determinado hecho o fenómeno.
La tolerancia, además, se da como consecuencia de la disminución de la sobrevaloración de los resultados y la impaciencia para obtenerlos. Implica, también, asumir una perspectiva trascendental, filosófica y espiritual de nuestra existencia. Todo lo demás disminuye en importancia.
En la tolerancia, está la conciencia del cambio continuo de cada uno de nosotros y de nuestras circunstancias. Lo que sea de mayor validez para una determinada percepción, dejará de tenerla para una percepción distinta o frente al cambio de dichas circunstancias. Podemos tener la cereteza de que nada es seguro, cierto ni previsible. No manejamos la globalidad ni la interacción dialéctica de los fenómenos que percibimos.
La tolerancia es una buena medicina para una mejor salud mental, individual y social.
La tolerancia es un impulso natural que hace posible un mayor desarrollo evolutivo del ser humano, porque a la par que contribuye a una mejor comunicación y a una mejor integración, permite conocer mejor a sus semejantes.
La tolerancia enriquece.Es una herramienta irremplazable para tener una mayor y mejor perspectiva de vida, que si nos recluimos en el callejón estrecho de la intolerancia.
La tolerancia entonces, no es un sacrificio ni una ofrenda a los demás. Es una herramienta, un arma, una joya que podemos poseer y acrecentar.
Gentileza Omar Romano de VP - Buenos Aires - Argentina
“Para el que cree, ninguna explicación es necesaria.
Para el que no cree, ninguna explicación es suficiente.”
Ya no tengo tiempo, para lidiar con algunas cuestiones.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Ya no tengo tiempo, para proyectos megalomaníacos.
No participaré de conferencias que establecen plazos fijos para erradicar la miseria en el mundo.
No quiero que me inviten a eventos de un fin de semana, donde se pretende solucionar los problemas del milenio.
Ya no tengo tiempo, para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos.
Ya no tengo tiempo, para soportar a personas que, a pesar de su edad cronológica, son unos inmaduros.
No quiero ver las agujas del reloj avanzando en reuniones de “confrontación”, donde “tiramos todos los hechos sobre la mesa”.
Detesto ser testigo de los defectos que genera la lucha por el majestuoso cargo de “Director General”.
Recuerdo ahora a Mario de Andrade, que afirmó: “las personas no discuten contenidos, apenas los títulos”.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos; quiero la esencia, mi alma tiene prisa.
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana; que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa antes de hora, que no huya de sus responsabilidades, que defienda la dignidad de los marginados y que desee tan sólo andar al lado de Dios.
Caminar junto a cosas y personas de verdad, disfrutar de un afecto absolutamente sin fraudes, nunca será pérdida de tiempo.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Gentileza de Claudia - Tres Arroyos - Pcia Bs Aires - Argentina
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