Jorge Omar Calabrese - Baúl de Lecturas - Poesías - Textos

2008, 4 March

Frase

Filed under: FRASES

“No lleves nunca a cuestas más de un tipo de problema a la vez. Hay quien carga con tres: todos los que tuvo, todo los que ahora tiene y todos los que espera tener.”

Edward Everett Hale




El conejo y el perro

Filed under: LECTURAS

Un señor compró un conejo a sus hijos. Y entonces los hijos del vecino, le pidieron una mascota al padre, de modo que les compró un cachorro de pastor alemán.

- ¡Pero el perro se comerá a mi conejo! - exclamó asustado el vecino

- De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas.

Y así juntos crecieron y amigos se hicieron. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés. Los niños, felices observaban cómo ambos vivían en armonía.

Un viernes el dueño del conejo fué a pasar un fin de semana en la playa con su familia.

El domingo, a la tardecita, el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuando entra el pastor alemán a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra… ¡muerto! Casi mataron al perro de tanto agredirlo.

- El vecino tenía razón, ¿y ahora? - decía el hombre apesadumbrado. Y la primera reacción fue pegarle y lastimar al perro. Pero en unas horas los vecinos iban a llegar….

- ¿Qué hacemos? - se preguntaron mientras el perro, llorando afuera, lamía sus heridas.
¿Pensaron en los niños y en su dolor?

- ¡Ya sé! - dijo uno - vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio. Y como el conejo no estaba en muy mal estado, así lo hicieron. Hasta perfume le pusieron al animalito.

- Quedó bonito, “parecía vivo” - decían las niños, luego de prepararlo. Y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas, como si estuviese durmiendo.

Luego al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños. ¡Lo descubrieron! No pasaron ni cinco minutos que el dueño del conejo vino a tocar a la puerta. Blanco, asustado. Parecía que había visto un fantasma.

- ¿Qué pasó? ¿Qué cara es esa?

- ¡El conejo… el conejo…!

-¿El conejo qué? ¿Qué tiene el conejo?

- ¡Se murió!

- ¿Cómo se murió? - preguntaron con cara de asombrados.

- ¡Murió el viernes!

- ¿El viernes? ¿Cómo el viernes?

- Si sucedió antes que viajáramos, los niños lo enterraron en el fondo del patio.. pero ahora al regresar no pudieron con su tristeza y lo siguen llorando..

La historia termina aquí. Lo que ocurrió después no importa. Ni nadie lo sabe. El gran personaje de esta historia es el perro. Imaginense al pobrecito, desde el viernes, buscando en vano por su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo.

REFLEXION

El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente. ¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos creemos dueños de la verdad?

La irrefrenable tendencia del ser humano a juzgar las acciones de los demás debería ser sometida al propio juicio de quien las ejercita. Decimos “esto está bien” ó “esto está mal” ó esto es bello” ó “esto es feo” sin advertir que todas ellas son sentencias de carácter puramente subjetivo y que sólo responden a nuestra apreciación de la realidad.

Si en lugar de decretar absolutamente que “esto está bien” dijéramos “esto, para mí, está bien”, y en lugar de decir “esto es lindo” dijéramos “esto me gusta” estaríamos mostrando una actitud más abierta y admitiendo que esa es nuestra visión de la realidad reconociéndole a los demás el derecho de tener la suya propia, tan válida como la nuestra.

Tener una mente abierta dispuesta a aceptar opiniones diferentes a las nuestras es sin duda, positivo y enriquecedor. Porque muchas veces nos permiten detectar nuestros errores y corregirlos. Y esto se traduce en un mejoramiento de nuestra persona.

Pensemos bien antes de juzgar las acciones de los demás y de emitir juicios sobre las cosas. Pero no dudemos en someter a un severo juicio a nuestros propios pensamientos y actitudes, que nos sirva para depurar todo lo negativo que hay en nosotros. En cuanto pongamos esto en práctica descubriremos que no tenemos la más mínima autoridad para juzgar.




  |  

Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here     ecoestadistica.com