Una tortuga y una liebre siempre discutían acerca de quien era más rápido y para dirimir el tema dicidieron de común acuerdo correr una carrera. Eligieron una ruta y…. ¡comenzaron la competencia!
La liebre arrancó a gran velocidad, corriendo enérgicamente durante largo tiempo, luego al observar la ventaja que había obtenido, decidió sentarse a descansar bajo la sombra de un árbol y así recuperar fuerzas y continuar su marcha ganadora.
La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y finalizó primera, declaraándose vencedora indiscutible.
MORALEJA: los lentos y estables, ganan la carrera.
Pero, la historia no termina aquí.
La liebre decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores, descubriendo que por presumida, confiada y descuidada había quedado segunda. Corrigiendo esos errores, por su gran velocidad, sería triunfadora. Y entonces solicitó a la tortuga, la revancha, una nueva carrera.
Y esta vez la liebre corrió y corrió, verdaderamente a enorme velocidad desde el principio al fin de la competencia y obviamente ganó merecidamente la carrera. Su triunfo fué indiscutible.
MORALEJA: los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.
Sin embargo, la historia tampoco termina aquí.
Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad, y como estaba planteada la carrera ella siempre sería perdedora. Y eso la llevó a pensar en tácticas y estrategias… Desafió nuevamente a la liebre a una tercer carrera, perp propuso una ruta diferente. La liebre aceptó de buena gana ya que era una gran corredora y se tenía mucha fé en una segunda victoria. Y ¡comenzó la tercer competencia! La liebre corrió desde el inicio a gran velocidad y sin detenerse pero… se encontró a mitad del recorrido con un ancho río, y mientras la liebre que no sabía nadar pensaba como atravesarlo, indecisa y desconceratada, la tortuga la alcanzó, la superó y nadó hasta llegar hasta la otra orilla y terminó en primer lugar. Había sido la vencedora indicutible.
MORALEJA: quienes identifican su ventaja competitiva (en este caso saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.
Pero la historia tampoco concluye aquí…
El tiempo transcurrió y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose muy buenas amigas. Ambos reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero en esta ocasión.. ¡corriendo en equipo! En la primera parte la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre subida a su caparazón llegando a ala otra orilla. Allí nuevamente la liebre cargó a la tortuga nuevamente y ¡juntas llegaron a la meta y ganaron! Como alcanzaron el final en tiempo record experimentaron ambas una enorme alegría que sus propios logros individuales.
MORALEJA: es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar y resolver mejor.
La liebre y la tortuga tambien aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir con un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos, aprendemos siempre algo más y … ¡obtenemos mejores resultados! Mas que moraleja este cuento intenta enseñarnos y nos sugiere organizar y distribuir tareas, escuchar a los demás y mantener el buen clima de trabajo.