Jorge Omar Calabrese - Baúl de Lecturas - Poesías - Textos

2008, 5 April

Frase

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“La terquedad no es más que la energía de los necios.”

Descouret




Hoy mi padre, me verá jugar

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Aquel muchacho vivía sólo con su padre. Ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial. El joven pertenecía al equipo de fútbol de su colegio. Usualmente no tenía la oportunidad de jugar, sin embargo su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía en cada entrenamiento, en cada partido, y nunca pero nunca faltaba.

Pese a que el joven era el más bajo en estatura de su clase, cuando comenzó la secundaria insistió en participar en el equipo de fútbol del colegio. Su padre le daba indicaciones, consejos y le explicaba que no tenía que jugar fútbol si no lo deseaba en realidad, pero el hijo amaba el fútbol, no faltaba a una práctica, ni a un partido. Estaba decidido a dar lo mejor de sí, ¡se sentía felizmente comprometido!

Durante su vida en la secundaria, lo recordaron como “El calentador de banco”, debido a que siempre permanecía sentado y nunca jugaba. Su padre lo animaba con su espíritu de aliento y el mejor apoyo que hijo alguno podía esperar.

Tiempo después, comenzó la Universidad, e intentó ingresar al equipo de fútbol, todos estaban seguros que no lo lograría, pero a todos venció, y logró pertenecer al equipo. El entrenador le dió la noticia, admitiendo que lo había aceptado además por la manera como él entregaba su corazón y su alma, y jugaba con pasión en cada una de sus prácticas y porque contagiaba a los demás miembros del equipo con un enorme dosis de ánimo y optimismo.

La noticia llenó por completo a su corazón, corrió al teléfono más cercano y llamó a su padre, quien compartió con él la emoción. Y así fué, como le enviaba permanentemente las entradas para que asistiera a los partidos de fútbol de la universidad.

El joven atleta era muy persistente, nunca faltó a una práctica ni a un partido durante los años de la universidad, sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de participar activamente en alguno.

Cuando se acercaba el final de la temporada, justo unos minutos antes que comenzara el primer juego de las eliminatorias, el entrenador lo llamó aparte y le comentó la cruel noticia:

- Lo lamento profundamente, pero debo decirtelo crudamente, tu padre ha fallecido hace un momento…..- el joven emocionalmente golpeado, quedó en silencio, sus ojos se humedecieron, miró hacia el suelo y luego hacia el cielo azul como pidiendo una explicación, mientras intentaba tragar su saliva y temblando le dijo al entrenador:

- Sr. estoy destrozado, debo irme ya mismo, ¿No hay problema de que falte al juego de hoy?

- Hijo, descansá el resto de la semana - respondió el entrenador abrazándolo muy fuertemente - y no se te ocurra venir al partido del sábado.

Llegó el sábado y el equipo del muchacho huérfano no estaba jugando bien, e iba perdiendo. Entonces el joven entró al vestuario, calladamente se colocó el equipo y corrió hacia donde estaba el entrenador y el resto de sus compañeros, quienes estaban impresionados al verlo de regreso.

- Sr. por favor, permítame jugar este partido, yo tengo que jugar hoy - imploró el joven.

El entrenador pretendía no escucharle, y para adentro suyo pensaba que de ninguna manera podía permitir que su peor jugador entrara en el cierre de las eliminatorias, pero el joven insistió tanto, que finalmente el entrenador sintiendo pena y lástima aceptó:

- Muy bien, hijo, puedes entrar. Juega todo lo mejor que puedas, la cancha es toda tuya.

Minutos después el entrenador, el equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había participado en un partido, estaba jugando de manera maravillosa, formidable, todo lo hacía perfectamente bien. Nadie podía detenerlo, corría fácilmente como toda una estrella. Su equipo comenzó a ganar, hasta empatar el juego. En los últimos segundos de cierre, el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con un golazo inolvidable….

Los hinchas del equipo del muchachito valiente desde las tribunas saltaba y gritaba emocionada. Y el resto de sus compañeros lo cargó en andas por toda la cancha.

Finalmente, cuando todo terminó, el entrenador notó que el joven estaba sentado sereno y tranquilo, sólo en una esquina del vestuario. Se acercó y le dijo:

- Muchacho, no puedo creerlo, ¡estuviste fantástico! Podés decirme ¿cómo lo lograste?

- Sr. Ud sabe que mi padre murió hace unos días - respondió el joven mirándolo a su entrenador - pero lo que Ud no sabe es que mi padre . . .era ciego - hizo una pausa, trató de sonreír y dijo - mi padre asistía a todos mis entrenamientos y todos los partidos aunque nunca jugara, pero hoy Sr. fué la primera vez que él pudo verme jugar desde el cielo y yo quise demostrarle que sí podía hacerlo.

Amigos, ¿hace falta una reflexión? Que Dios bendiga a cada uno de uds……




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