Frase
“Los hombres aspiran siempre al primer amor de las mujeres, tal es su vanidad poco exquisita por cierto. Las mujeres, poseen un instinto mas sutil de la realidad, lo que apetecen es ser el último amor de un hombre.”
Oscar Wilde
“Los hombres aspiran siempre al primer amor de las mujeres, tal es su vanidad poco exquisita por cierto. Las mujeres, poseen un instinto mas sutil de la realidad, lo que apetecen es ser el último amor de un hombre.”
Oscar Wilde
En cierta oportunidad, un guerrero indígena muy respetado y la hija de una mujer que había sido matrona de la tribu, se enamoraron, se amaban profundamente, y habían pensado en casarse, para lo cual tenían el permiso del cacique de la tribu.
Pero antes de formalizar el casamiento fueron a ver al Brujo, un hombre muy sabio y muy poderoso, que tenía elixires, y conjuros, y hierbas increíbles, para saber si los astros estaban a su favor, si los Dioses los iban a proteger.
- Uds son muy buenas personas y no hay razón alguna para que los dioses se opongan - aseveró el Brujo.
- ¿Nos puede dar alguna fórmula mágica para ser felices siempre? - preguntaron al mismo tiempo.
- Bueno, sí. Hay un conjuro que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos porque es bastante trabajoso y complicado.
- Sí, por supuesto - dijo el guerrero- estamos dispuestos a afrontar las dificultades para lograr la felicidad eterna.
Entonces el brujo le pidió al guerrero que:
1) escale la montaña más alta
2) busque allí al halcón más vigoroso
3) el que vuele más alto
4) el que le parezca más fuerte
5) el que tenga el pico más afilado
6) y que vivo, se lo traiga.
Y luego el brujo dirijiéndose a ella le dijo:
1) vas a tener que internarte en el monte
2) buscar el águila que te parezca que es la mejor cazadora
3) la que vuele más alto
4) la que sea más fuerte
5) la de mejor mirada
6) vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla viva aquí.
Cada uno salió a cumplir su tarea, y luego de varios días regresaron con el ave que se les había encomendado, y le preguntaron al brujo:
- Y ¿ahora qué hacemos?, ¿las cocinamos?, ¿las comemos?, ¿tomamos su sangre?, ¿qué hacemos con ellas?
- Vamos a hacer el conjuro que se llamará: ¿volaban alto? - contestó el Brujo.
- ¡Claro! - respondieron los enamorados.
- ¿Eran fuertes sus alas, eran sanas, independientes? - preguntó el Brujo.
- Sí - contestaron.
- Muy bien - dijo el brujo - ahora átenlas entre sí por las patas y suéltenlas para que vuelen.
Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el piso, y se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí.
- Este es el conjuro si ustedes quieren ser felices para siempre - señaló el Brujo - aprendan de este ejemplo que están observando: ¡Sepan volar de manera independiente! ¡Jamás se aten el uno al otro! Sólo así serán felices, amando pero sin apego.
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